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FEBRERO 2016





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22 Feb 2016
CRÓNICA | XIV Salón Conrad Internacional del Vino - Parte II: del otro lado del mostrador


En nota previa (Parte I), comentamos el salón del Conrad desde el punto de vista "del periodista", pues el objetivo fue cubrir el evento procurando observar, en esta edición, los vinos nacionales únicamente.

En esta 2da. parte de la crónica del salón del Conrad, el enfoque se centra desde el punto de vista del "expositor", pues como tal se vivió.  

el expositor / la previa

El amanecer quedaba para el recuerdo, al igual que el viernes agitado que transcurrió entre el trabajo diario en Montevideo y el periodismo en el balneario esteño. 

Los rayos de sol que atraviesan cualquier diminuto orificio de la ventana del dormitorio -es lo complicado de alojarse frente al mar mirando al este, bien frente a la Isla de Lobos-, obligan al despertar. A las 8am el desayuno ya estaba pronto; solo faltaba despertar a Manuel, el invitado de honor en nuestro apto. A él si que no le daba el sol. Igualmente, ya estaba con su tecnología a full hacía rato.  

Sentados en el comedor, donde la mejor vista la tenía el invitado -frente a la ventana que mira la bandera que ondea en la punta de la península-, comenzamos a diagramar el día según lo organizado el día anterior: yo le daría una mano con el stand el sábado pues Manuel estaría sólo -día que el salón desborda- y él me daría otra con la parrilla del mediodía del sábado junto a unos amigos de la familia -él sería el asador -no se la iba a llevar tan fácil-. Manuel es muy buen parrillero, pues así lo ha demostrado en los acotados eventos en su bodega -utiliza como leña las vides viejas, arden rápido y cocinan distinto la carne-. Hay que vivenciarlo para entenderlo. 

Las diez de la mañana obligaba a movernos y dejar de admirar la vista a través de la ventana, ...además de los cafés con leche, los mates, las tostadas, los dulces, los quesos... En diez minutos dejamos todo pronto entre los que participamos del desayuno; después, cada uno a lo que les correspondería. Manuel y yo arrancamos para el centro fernandino a comprar las cosas para el mediodía; todo allí es siempre 10-15% más barato que en Punta, y más aún si se va a los fondos de Maldonado. 

Primero fueron las carnes y embutidos, luego la picada y los refrescos, y le siguió la leña. Lo último, como ya es clásico en vacaciones de enero, el postre de Marisa, la responsable de Nonno Antonio. Allí compramos el clásico tiramisú familiar ($750, y rinde 12 porciones), no sin antes tener una charla previa de amigos, de esas cuando se pasa mucho tiempo sin verse. Manuel no salía de su asombro; agradeció hasta el retorno al apto el que lo haya llevado; tanto Marisa como el entorno -de NA- y el lugar en sí, dan ganas de no irse y/o volver cuantas veces fuera posible. Son de esos lugares que "se debe visitar antes de morir".

Johnny, el portero del edificio, había dejado todo pronto, hasta el fuego de la parrilla estaba encendido. Tan solo había que "poner la carne en el asador", asi que... -Manuel, a tu trabajo. La familia y amigos fueron cayendo y ameritaba presentar, pues Manuel era el "sapo de otro pozo" que sólo uno conocía. A la hora ya era uno más. Y así es con cualquier otro expositor, se junta con amigos, con familia, disfruta de Punta del Este... hace de todo mientras el Salón Conrad no está activo. 

A pesar de que es un fin de semana cargado de vinos -por el salón-, los vinificados siguen estando en la mesa del mediodía. Fue uno y después otro que le siguió otro más. Ya el cuarto vinificado se abrió "al pepe". Y no fue para menos, el reloj marcó las 5pm y hubo que mentalizarse en el salón -empezaba a las 21 y debía estar todo pronto para entonces. Se comenzó a entonar la retirada. Del parrillero, Johnny se encargaría. Un grande. Más que agradecido fuimos. 

calentando motores

Un rato de descanso sirvió para aflojar tan agitada mañana y tarde. Las 8 pm indicaba que faltaba poco para el salón, y preocupados quedamos ya que Manuel no aparecía: se fue a dar un chapuzón a la Playa de los Ingleses -de aguas bravas- luego del final de la parrilla; quería relajarse a su forma. Tras insistentes llamados aparece 20.15 tocando timbre. Es un niño en tamaño cuarentón. -¿Qué pasó?, acotaba son su graciosa seriedad. -¡Dale boludo!, faltan 45 minutos y no tas pronto. Y no es fácil el tránsito a esta hora, y tenemos que ir hasta el Conrad, le acoté con voz de "papá molesto". Fue muy gracioso Manuel, 20.30 ya estaba pronto y arrancamos con Inés, su porteña asistente, que nos arrimó hasta el lugar de retiro de mercadería para sacar una caja del "Equilibrio" -uno de sus grandes vinos- que había logrado colocar a un conocido que estaba por el este celebrando el cumpleaños de su añosa madre.

En la puerta de ingresos de mercadería (lado izquierdo del Conrad), aguardamos durante 25 minutos a que Manuel trajera la caja, pues los sistemas de control del hotel son complejos y no permiten retirar o ingresar cualquier producto "así como así"; hasta los empleados tienen rigurosos controles, así se observó a 4 personas que pertenecían a un stand expositor y uno de ellos no tenía su tirilla muñequera para el ingreso -casi 15 minutos llevó a estas personas subsanar el inconveniente-. Rememorando, el día anterior, el viernes, cuando Manuel se retiró del salón llevó consigo un gran bolso. Estaba por salir por la puerta que da contra Av. Francia y lo frena un "mastodonte" del staff del Conrad, le consultan por el bolso obligándolo a abrir para controlar el contenido -así lo hacen con todos sus empleados pues lo habíamos observado al retiro de algunos por la puerta anteriormente comentada, (lado izquierdo)-. Tras enseñarlo observaron todos implementos personales y de trabajo. Sin problemas extras, salió. 

Volviendo a la asistente de Manuel, Inés, toma la caja con 6 vinos de Los Nadies, la bodega de Manuel, y parte. Ya estábamos libres para ingresar al salón y aprontar todo. Faltaban minutos para la apertura. Así que a volar. Junto a él, Manuel, haríamos de "expositor". Esa fue la idea desde un principio y tras coordinarlo previamente el viernes: actuar como periodista el viernes -así lo hicimos- y cumplir como "expositor" el sábado y así bajarlo en las presentes líneas.

la información necesaria

El stand donde Manuel compartía mesas junto con los vinos de Cattani-Orihuela, era una conjunción de empresas, amistad, colaboración, suerte, experiencias, vivencias... Ésta, Cattani Orihuela, bodega salteña, joven, propiedad de un contador y un mecánico, a último momento no podía asistir ninguna persona y había confirmado su asistencia. A Manuel, amigo de ellos y a los que supo asesorar en algún momento, le pidieron si podía cubrir el salón permitiéndole incluir sus vinos, no sin antes acordarlo con la organización del salón quienes, además, ponen la condición de contar con un stock de 18 vinos de cada etiqueta que se exponga (puso 3 etiquetas -Equilibrio, Ímpetu y Picardía-, así que debía disponer de 54 vinos, con un costo de inversión "publicitaria" de casi 40.000 pesos, sólo en vinos). Y así fue, Manuel Filgueira -ahora sí decimos el nombre completo- acepta y comparte stand con Cattani Orihuela (expuso un Tannat y un blend Cabernet-Tannat-Merlot). Entonces, por un lado estaba "Los Nadies" -y también decimos qué bodega- y por otro los vinos de Salto, así que había que interiorizarse en ambas bodegas y sus vinos para tener idea de lo que hablaríamos -acotaríamos- durante el correr de lo que dure la XIV Salón Conrad Internacional del Vino.

Los vinos de Manuel, de la bodega garaje Los Nadies, son producto de la intelectualidad de un ingeniero agrimensor devenido en enólogo; así el profesional. Esta pequeña bodega, apenas produce para sí unos 3-4 mil botellas de vino fino de alta gama de las 18Ha que tiene pegado a Bodega Filgueira, sobre la ruta 81 a la altura del km. 7. De esa cantidad de Ha saca varios kilos de uva (7.000/Ha, aprox.), tan solo se queda con cantidad suficiente como para sus vinos finos de alta gama; el resto las vende a otras bodegas -Manuel se reserva los destinatarios-. El niño cuarentón, dio paso al empresario interior. Así la bodega. 

Detallar Los Nadies se torna entreverado, pues es un montón de cosas: es experiencia, es familia, son sentimientos encontrados, es maestría, es zoológico, es casa-hogar, es empresa, es historia... son tantas cosas de vida, de familia de empresa que es muy difícil transmitirlo en palabras. Uno debe "vivir" la cultura de Los Nadies para entenderlo. Aquel que tenga la oportunidad de vivenciar uno de sus muy acotados "chateos", no se lo pierda. Uno no se peca de "vendedor", tan solo se compara a nivel general de las acotadas bodegas vivenciadas.

Todo lo anterior había que transmitirse en el stand. Es decir, cualquier expositor, se supone, haría todo eso; hacer vivir la experiencia al ofrecer un vino, y en eso nos enfocamos. Desde ofrecer sencillamente una copa -pues habían unos cuantos que sólo buscaban tomar y que no les hablaras- hasta recomendar otro vino -el "servido" buscaba otra cosa que el expositor no podía ofrecer por no tener ni producir tal vino-, todo valía. Y así debe ser, pues ya que no se tiene nada para ofrecer, por lo menos dar una buena imagen de colaboración y apoyo al servicio de las necesidades del prójimo es fundamental. Eso sí, si se recomienda a otro, que sea con propiedad, algo conocido. Por esto, lo ideal es que vayan dos colaboradores por stand: mientras uno sirve que el otro salga a recorrer por algunos minutos el salón y ver -y degustar- lo que está ofreciendo toooooda la competencia restante.

atendiendo/sirviendo 

Los nervios estuvieron a flor de piel, aunque fueron disminuyendo a medida que el salón transcurría; al estarse por primera vez "del otro lado del mostrador", era lógico. Igual, uno imagina que así será siempre, porque siempre son públicos distintos los que van a este salón: bastante argentino -con nuevo presidente, Macri-, algo de brasileros -por la devaluación se limitaron a venir a Punta-, y mucho uruguayo muy diverso.

En esta oportunidad se tenía que enseñar el vino y hablar de él -por estar del otro lado del mostrador-, y no se podía catar -salvo para controlar que estuviera correcto y a punto-. También tenía que lograr que el vino se entendiera -muchas veces son vinos complejos de aromas difíciles y sabores indescifrables, así es para muchos vinos para entendidos-. Había que lograr dejarlos como "únicos" ante la inmensa cantidad de exponentes competidores. Fue difícil, y uno siente que es su trabajo ya que de esto depende las ventas futuras. En el caso de Los Nadies, depende del boca-boca y algunos muy acotados puntos de venta que no alcanzan los dedos de una mano. A pesar de la cantidad de rounds -servidasque se soportó, desde el experto conocedor al inexperiente total -no me gusta el vino, y los hubo a pesar de la rareza de esa persona presente en dicho lugar-, se salió aireoso. Y hasta se cree que muy satisfechos pues, ya pasada la mitad de la duración del salón, fue notorio como gran cantidad de gente volvía y se quedaba rato largo charlando tanto con Manuel con el redactor de la presente. Y las tarjetas personales iban y venían. Y también, alguna "picardía" que otra se permiten deslizar en estos eventos. Todo vale para una venta segura. 

detrás del telón 

También se observó los pormenores de la organización general. Cuando uno ingresa como "degustador" al salón todo se ve en orden, a punto, listo para la degustación. Cuando se es expositor, la cosa cambia y se ven otras cosas: los empleados de un lado al otro, los momentos de descanso de ellos, limpiando esto, gritando a veces, ordenando otro tanto, reponiendo por algún sector, trepados arreglando algo, moviendo una y otra cosa buscando la perfección del salón en general. Se ven todas esas cosas que a uno le hacen pensar en todo lo que se sufre organizando un salón como el vivido y buscando lograr satisfacer al consumidor, sea conocedor o inexperto, de la forma más placentera. Y todo tiene que pasar desapercibido. 

También está el "después de hora", luego del cierre del salón, después de que se fue el último degustador. Otra hora y pico más. Reorganizar, tirar, devolver, tapar, guardar, contabilizar, contar, descolgar, doblar, llevar, volver y volver a llevar... un sinfín de verbos que todos aplican a este salón. Y ni hablar del llegar a casa, pues hay que aplicar otros tantos verbos para que, también allí, todos pasan desapercibidos.

el regreso

Y tras todo eso, luego de un día "al otro lado del mostrador" -para mí-, y tras dos para Manuel como expositor, tan solo se piensa en que todo lo hecho de resultados y sea fructífero. Y uno al final entiende que todo esto es por algo, pues así lo enseñaron Manuel y Gabriela -señora de aquel- apenas se ingresó a la bodega a descargar el domingo por la tarde: -Amoooooorrrr..., decía él. -Holaaaaaa... ¿Cómo les fue?, acotaba ella. -¡Bárbaro amor! Con Rodney vendimos todo.

rodney



 
04 Feb 2016
CRÓNICA: XIV Salón Conrad Internacional del Vino: Parte I - Las dos caras de la moneda


Seguramente, la gran mayoría de "enófilos" -y no tanto- conozcan los placeres que el Salón Conrad  Internacional del Vino entrega año a año, enero a enero. Gastronomía diversa, gente de todas partes del mundo y claro, muchos vinos de distintas regiones del planeta, en un amplio y muy agradable espacio.

Pero, -siempre hay un "pero"-, quizá no todos sientan las distintas sensaciones que se vive a "ambos lados del mostrador", y mucho menos -y apostaría-, vivencien el salón como prensa y como expositor. Pues el redactor de la presente así lo hizo, el viernes 29/enero fue periodista y el sábado 30 fue expositor. Y todo esto con un fin: juntar las impresiones necesarias para plasmarlas en esta crónica, y para ello, necesitó vivenciarlo, entenderlo y comprenderlo. Solo así se logra conocer "las dos caras de la moneda".

EL PERIODISTA

Difícil es sobrellevar el trabajo habitual día a día y mucho más conjugar con otras labores y hacer que todo se cumpla. Desenchufado de aquel -labores jurídicas-, "nos pusimos el uniforme" de periodista y salimos a la pista. Tarde, como costumbre uruguaya, pero seguros.

Las 19 horas llegó con mucho tránsito en la ruta. Quizá todos querían disfrutar del último finde de enero. Nosotros también. 

Los olvidos obligan a retroceder 3-4 casillero y así perder un tiempo hermoso y valioso. Lo que debió llevar 20-30 minutos entre ida y vuelta, las 19.45 nos enseñó que lo duplicó. Y aunque las agujas del reloj seguían con su habitual "tic-tac, tic-tac", como avisando "llegas tarde", con tranquilidad y paciencia cautelosos continuamos.

Las 20 horas nos recibía en el peaje Pando. La cantidad de autos se volvió incontable. Ya entonces intuimos que a las 21 horas -hora de inicio- no estaríamos ni cerca de pasar por la puerta mayor del Conrad, pues faltaba llegar, abrir apartamento, cambiarnos previa ducha y volver a partir. Por delante, aún faltaban unos 110 km. cargado de autos. Entre éste y el peaje Solís, lo habitual que todo uruguayo conoce con tránsito cargado en ruta interbalnearia.

20.45 saludamos a la cajera del peaje Solís. Le entregamos setenta pesos; saludamos nuevamente y la barrera quedaba tras nosotros. Por delante, aún restaban unos 60 km. -¡Vamos, vamos!, le decíamos a nuestro pequeño/mediano francés. Pasamos a uno, pasamos a otro. Subida va, bajada viene. Curva para un lado... par el otro... ¡Ups...!, bajar velocidad. -¿¡A ver a cuánto pasamos...?! Durmiente 1, 2, 3,... tra tra ...tra tra... -Bien. 57km/hora, así lo indicaba el panel con sensor de velocidad al costado de la ruta. Ahora sí, a (casi) toda máquina.

Primero Aeropuerto del Sauce, después Portezuelo. Siguió la rotonda de Ancap... puentecito sobre camino Lussich... Casapueblo... Vuuuaaalaaaaa... rambla de Maldonado. Qué hermosa vista que entrega. Excelente.

21.15. Vamos, vamos. Permiso. Pip pip... Piiiiiii... -¡Correte papá! ¡¿No sabes que los lentos van por la derecha?! Típicas frases uruguayas empezaron a emanar. 

21.35. Llegamos al apartamento. Todo pronto por suerte. El portero activó todo antes de nuestro arribo. Un genio. Siguió la ducha, cambio de ropa, agarrar la cámara, papel y lapicera -obvio- y copa para degustación -previamente nos informaron que este año la prensa no se le brindaría-. Allá vamos. El 2014 fue el último salón del Conrad que participamos, por lo cual, las expectativas para este fueron importantes. 

21.50. Tras ingresar por la "puerta grande" literalmente, y atravesar el hall principal del Conrad, la recepción al salón nos recibía con atractivas promotoras que nos entregaron la tarjeta de prensa. Continuamos. Bajamos el primer tramo de la escalera con asombro: "poca gente en el horizonte". Continuamos. Nos frenamos al final de la misma. Repasamos listado de bodegas nacionales -previamente habíamos decidido probar solo vinos nacionales, solo lo nuevo-.

Antes de comenzar hicimos un paneo rápido y general. Nada por aquí. Nadie por allá. Mmmmhhh... ¿Qué pasó? Poco argentino; poco Brasilero. ¿Los argentinos dudan de gastar? ¿Los brasileros verán caro Uruguay? ¿Fin de temporada? ¿Poca gente en el Este? Al igual que el Estado uruguayo no sabíamos las respuestas. Eso sí, a los expositores de confianza consultados afirmaban que había poca gente. Aunque, también "apostaban las fichas" al sábado. Sería como apostar todo a color, o quizá al "cero verde". 

El hall principal, donde siempre se ubica "Vinos del Mundo" -ahora con islas individuales abandonando el clásico "oval"-, se encontraban, además de sus representados vinos internacionales, la mayor cantidad de bodegas nacionales: Garzón, Narbona, Pisano, Viñedo de los Vientos, Alto de la Ballena, H.Stagnari, Marichal, Ariano, De Lucca, Bouza, Carrau, Antigua Bodega Stagnari y algunos otros -importadores y cristalerías-.

El salón contiguo albergaba mitad importadores-mitad bodegas nacionales. Y como habíamos seleccionado las nacionales para esta ocasión la lista siguió por: Varela, Viña Edén, Los Nadies -nuestro stand expositor del sábado-, Cattani Origuela, Irurtia, Los Cerros de San Juan, Rincón del Sommelier -con un montón de vinos de bodegas boutiques nacionales, incluyendo Gobelet, Casa Grande y Artesana-, Bertolini & Broglio, Chiappella, Castillo Viejo, Toscanini e Hijos, Establecimiento Juanicó, Rodríguez Bidegain, Giménez Méndez, Salto Chico y algunos otros que prometimos visitar pues el tiempo fue tirano y muy escaso. 

Terminada la ronda, y las RRPP, había que empezar a degustar. Primero fue Bouza, le siguió Carrau, luego Viñedo de los Vientos, Alto de la Ballena, Narbona, Bertolini & Broglio, Viña Edén, Los Nadies, Casa Grande Arte & Viña, Garzón, Pisano y Cattani Orihuela. Así que el Riesling de Bouza fue el primero. Logrado de la plantación de Pan de Azúcar, resultó muy aromático y sabroso; duradero en boca y con acidez media -ni marcada ni se diluye rápido-. Su precio resultó ser importante: $650 pesos. 

Luego fuimos directo a Viñedo de los Vientos, pues hacía mucho tiempo que no los probábamos. Todo sus vinos (Arneis -Chardonnay- y Estival -Gwüerztraminer, Chardonnay y Moscato Bianco-, ambos blancos; y Ripasso de Tannat, Eolo -gran reserva- y Tannat, todos tintos) resultaron ser muy interesantes; eso sí, indudablemente son orientados para un público conocedor, si es que busca entenderlos y comprenderlos. Si solo buscan tomar vino y el dinero "no fluye por la canilla", mejor pensar en otros productos. Por cierto, los vinos no es de fácil ubicación en el circuito comercial montevideano, es que su producción va principalmente al exterior.

Garzón, que tanto se habla de ella, tan solo probamos el Pinot Grigio. Con 12,5 de alcohol y sus 370 pesos de costo al público resultó ser un vino fresco, con aroma dulzón y acidez media. Con su gran escala de producción en busca de vinos masificados de alta gama para un público selecto, y básicamente internacional, va conquistando paladares y sensaciones con gran variedad de vinos. Su alta calidad, su variedad considerable, su destacado packaging y su volumen de producción en varios millones de litros hacen que sea una de las mayores bodegas de Uruguay.

Antes de pasar a los tintos probamos el último blanco: Sauvignon Blanc´15 de Casa Grande Arte & Viña. Simplemente, muy recomendable: muy aromático -herbáceo-, fresco, duradero, acidez media, accesible ($200 aprox). Especial para disfrutarlo entre amigos. Las chicas que recién arranquen en el mundo del vino, o gusten de lo fresco y aromático, este es el vino blanco para ellas.

Ingresamos al salón principal. Con el doble de espacio los asistentes se podían desparramar mucho más. Y también degustar más cantidad de vinificados. De nuevo, el foco estaba sobre lo nacional, aunque esta vez tocaría el turno de los tintos. 

Viña Edén, una nueva bodega boutique que se integra a las ya existentes en el este de la República, tan solo ofreció su producto estrella: Tannat-Merlot-Marselane con 12 meses de pasaje por barricas y 20 de botella; esto, y más, eleva el costo de la botella a 35 dólares. Es un vino atractivo, interesante, destacable, pero no algo único. Su alto costo lo vuelve "degustable" para algunos pocos o "testeable" para otros varios en ocasiones como el salón Conrad. Aquel con ánimos de invertir, bien podrá hacerlo para una cena especial o quizá sorprender con algún regalo exclusivo. Obviamente, tiene mucho de "boutique", pues el packing del envase y las instalaciones -próximas a ser terminadas-, justifican la inversión. También hay buenos profesionales tras los caldos: Enólogo Juan Pablo Fitipaldo (ex Santa Rosa) y el Ing. Ag. Federico Peluffo (ex-Varela), responsable este del suelo de la viña. Ambos son seguidos bajo la atenta mirada de un inversionista brasileño. Algo interesante a destacar de lo "boutique" de Viña Edén es la posibilidad de alojarse en las instalaciones que Roberto Giordano generó como Cabañas Villa Edén, pues así lo acordaron entre las partes. 

Betolino & Broglio vuelve a sorprender con un tinto, esta vez: Tannat Exotic´13. Con sus intensos 14,7 de alcohol -no se sentían-, no fue inconveniente para colocarlo entre uno de los vinos más destacables del salón -opinión personal-. Se sintió muy sedoso, aromático, intenso en boca, y una mezcla de frutas y chocolates que resultó ser muy raro aunque muy agradable. ¿Su costo? $850 pesos aprox, y es un precio razonable comparando "precio/producto/calidad". Según los responsables, ubicable solo en Las Croabas, Carpediem y Las Duelas.

El siguiente tinto fue el Ímpetu, de Los Nadies -una bodega almacén que vale visitarla, y de la mano de su "director de orquesta" Manuel Filgueira. A un costo de unos 1.450 pesos, el tinto de tannat-merlot-cabernet franc -confirmado por Manuel y aunque su web diga casi lo inverso- tiene para varios años más, tan es así que para que se oree es necesario unas cuantas horas antes de llegar a su "punto de equilibrio". Lo importante del vino es su "dormida" en barrica francesa, nuevas, por 3 años, y eso fue a partir del 2011. Así que si tendrá para años de guarda sin problemas. En aroma resulta intenso e invita a jugar a descubrirlas constantemente. En paladar, la acidez media deja paso rápido a la intensa astringencia, que no hace un estilo de conquista -tapiza todo y se retira con el paso del tiempo-, sino más bien deja su marca, y esto "gusta o no gusta"; si te gusta es como un tattoo: no quieres que se vaya ni se opaque con el paso del tiempo. Pero, como todo lo que tiene vida, lo lindo y lo bueno...

El final lo cerramos con "la muestra" de Alto de la Ballena ya que en poco lo sacará al mercado: Cabernet Franc-Merlot-Syrah -del Cetus, según acotó la responsable de la bodega Paula Pivel. Es un vino de aroma con intensidad leve/medio, sabor frutado y con 13.5 de alcohol, aprox. El costo se estima en unos $1.300 según Pivel. 

Lo restante probado ya era conocido, y siguen siendo buenos vinos para los consumidores, por algo siguen haciéndolos. Aunque, amerita comentar un excepción: el frizzante Zenit Maracuyá, con pulpa y semillas de la fruta incluidos, es decir, sin filtrar. Realmente, para un público joven -y no tanto según la ocasión-, bien puede hacerlos anclar al mundo del vino. Lo llamativo fue, que ya antes del final del salón se había acabado dicho frizzante. Más palabras, sobran.

Y los extras también sumaron. El lugar en sí -el salón, la distribución, la disposición de los stand-; la gastronomía -acorde al evento, una degustación-, sumado a la bebida -agua es fundamental, y en abundancia ya es un destaque-; los asistentes -el hecho de haber poca y "linda" gente, principalmente con el alcohol justo encima, también lo hace muy disfrutable. Y qué hablar de quiénes te servían y explicaban, la gran mayoría eran los enólogos responsables de los vinos exhibidos; es otro punto que suma -y mucho- al salón Conrad. Todo esto da mucho valor al evento. Por lo tanto, el costo de la entrada (USD55) estuvo más que acorde. La gente, la organización, la pulcritud, la atención, el balneario en sí -el principal de Uruguay y de los top de América del Sur-, época de verano...

Son un sinfín de cosas que hacen que el Salón Conrad Internacional del Vino se mantenga como el más destacado de Uruguay. Así es una de las dos caras de la moneda. 

rodney



 
01 Feb 2016
El principio del todo ...con todo



La noche del viernes 22/enero, con una temperatura veraniega ideal y una luna llena en su máximo esplendor permitieron disfrutar de una noche como pocas; ni siquiera los nubarrones del horizonte marino asustaron a quienes supieron vivenciar la Noche Blanca de La Floresta 2016, organizada por la Liga de Fomento del balneario canario.

La ruta interbalnearia, entre Atlántida y La Floresta, permitió imaginar ir en una arteria cargada de glóbulos rojos -por las luces traseras de los autos-; tal momento denotó la gran cantidad de turistas con ansias de llegar hasta el corazón del disfrute, sea este el lugar que fuere. Lo que seguro fue, es que unos desviaban para La Floresta, mientras los otros continuaban por "la arteria", quizás, en busca del "cerebro" del turismo.

La rotonda de La Floresta, simulando un peaje sin costo, obligaba a transitar tranquilo y elegir bien la calle a tomar, pues la cantidad de autos dejó casi que sin lugar para estacionar, y así fue hasta próximo a la zona de exclusión, a unas 5 cuadras de la rambla.

Tras apostar todo al "cero verde" la suerte nos acompañó y lugar se encontró. Tan solo restó caminar unas pocas cuadras para cobrar la apuesta: la cantidad justa de asistentes -se podía caminar y comprar artesanías, obras de arte, libros, juegos y hasta gastronomía con tranquilidad-, una mejor distribución de los stands, una mejor organización -hasta con bus de control policial, con cámaras de vigilancia-, espacio de danzas con diviersida de estas -tango, arabe, criollo-, actuaciones musicales y circenses, y un "círculo del vino" más exclusive -esta vez se ubicó en el hall del ex Hotel La Floresta, con separación entre vinos y cervezas y lugar vip para disfrutar los distintos beberajes en buena compañía-. 

Y al igual que Dios Baco observando el danzar de las doncellas del momento, y tras disfrutar de un muy buen espectáculo de video mapping, entre las Mujeres del Vino, agradable compañía femenina, mayoría de mujeres atendiendo los stands, y la diversidad de vinificados y cervezas artesanales -aunque aquel dios no conoció la cerveza-, el Circulo de Vino en la 5ta. edición de La Noche Blanca de La Floresta dejó disfrutar a un gran número de asistentes -previo ticket de ingreso de $350 pesos- más de 50 etiquetas de vinos diferentes, y unas 15 cervezas artesanales distintas.   

Fuera del "círculo", a la intensa luminosidad que la luna entregó y que muy bien se reflejó en aquellos que se animaron a vestir de blanco -a los que no, bien encandilados fueron por los secuaces de aquella-, se le empezó a "bajar" el telón de su espectáculo, pues aquellas lejanas nubes negruzcas del horizonte marino, donde el Atlántico se une en enterno matrimonio con el Río de la Plata, ya se habían encimado sobre las cabezas de los presentes a la fiesta. Los largos y ramificados relámpagos surcaron con intensos estruendos el "azulnegruzco" cielo, provocando la sorpresa constante en los mortales caminantes de la medianoche del balneario. 

Ellos, los relámpagos, cada vez más seguidos, hacían exclamar a varios como también asustar a algún que otro malogrado "Mister T". Y las primeras gotas generaron duda: "permanecer o entablar la retirada" era la cuestión de turno. La gran mayoría resistió, al igual que los stands de comida, tanto carpas como diversidad de combis transformadas en charrúas food trucks

El diluvio se materializó. "Las distintas barcazas", tal cuales Arca de Noe, obligó a los presentes a emprender la retirada por la vía más rápida. Y a los que sin barca andaban, las aguas hasta los talones alcanzaban. Por suerte, el cálido clima de verano, al mojado los protegía de algún espasmo y con algún resguardo.

30 minutos de cálidas e intensas gotas sin parar fueron cantidad suficiente para limpiar el camino de los "glóbulos rojos". A la ruta partimos. Ya la fiesta al 2017 arrancó, y tan solo resabios de una gran luna llena quedó.

rodney







EVENTOS


En breve informaremos más y nuevos eventos.


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